El día que me subí al caballo de la inteligencia artificial: mi comienzo junto a Delfos Labs

Todos tenemos una fecha que divide nuestra vida en un antes y un después, aunque a veces recién la reconocemos con el tiempo. La mía tiene día exacto: 4 de octubre de 2024. Ese día, sin saberlo del todo, empecé a convertirme en el profesional que soy hoy.

Quiero contar esta historia porque siento que le debo mucho a quienes estuvieron en ese comienzo. Y porque, si hoy mi propósito es hacer que la historia cobre vida, es justo contar también la parte de la historia que me trajo hasta acá.

Un proyecto que en su momento parecía ciencia ficción

Todo arrancó con un desafío enorme: crear avatares digitales en una época en la que esta tecnología recién estaba asomando la cabeza. No era algo que se hiciera en cada esquina; era territorio nuevo, casi experimental.

El proyecto era Bonoxs, y la tarea consistía en dar vida a avatares digitales que presentaran las noticias de los juegos en sus redes sociales. Sonaba a futuro, y lo era. Estábamos haciendo hoy algo que mucha gente todavía imaginaba para dentro de varios años.



Detrás de esa oportunidad estaban Pablo Richeri y Ari Chamlian, dueños de Delfos Labs, junto a Nicolás Zanoni. Con ellos empecé este camino, dentro de un grupo empresarial impresionante como Domus Global.
Pablo a demás de ser amigo, se convirtió en un gran referente para mí en el mundo de los negocios tecnológicos y siempre me ha dado los mejores consejos para mejorar. Como también lo hicieron Nicolás y Ari.

Lo que ese trabajo me hizo entender

Podría contarte solo la parte técnica, pero sería quedarme corto. Porque este proyecto no me cambió únicamente las herramientas de trabajo: me cambió la cabeza.

Fue ahí donde me di cuenta de algo que hasta entonces no me había animado a admitir: editar videos ya no me alcanzaba. Subirme al caballo de la inteligencia artificial era lo más lindo y lo más desafiante que tenía delante en ese momento, y terminó enamorándome para siempre. No fue una decisión de negocios fría; fue algo casi visceral, de esas cosas que uno siente que llegaron para quedarse.

También me tocó crecer en otro plano. Nunca había estado acostumbrado a trabajar dentro de equipos, y de golpe me encontré colaborando con gente muy profesional, dentro de una empresa de renombre. Tuve que adaptarme, y creo que lo hice bien, porque durante todo ese año estuvimos creando contenido realmente innovador, codo a codo. Aprender a ser parte de un equipo así fue una escuela que hoy agradezco enormemente.

El empujón para animarme a volar solo

Hay algo más que le debo a esa etapa, y quizás sea lo más importante de todo. Fue el momento en que decidí despegar con mi propia empresa y empezar a creer, en serio, que podía emprender por mi cuenta.

Reino Visual siempre existió, de una forma u otra. Pero fue entonces cuando empecé a formalizarlo y a encaminar mi destino, encontrando mi nicho en la inteligencia artificial. Lo que no sabía en ese momento —y esto es lo lindo de los caminos que uno recorre sin mapa— era que, un tiempo después, terminaría afinando todavía más ese rumbo: aplicando la IA al patrimonio, a la historia y a la memoria.

Hoy tengo un propósito claro que le da sentido a todo: hacer que la historia cobre vida. Y ese propósito no habría nacido sin aquel primer salto.

Un vínculo que siguió creciendo

Lo mejor es que la historia no terminó ahí. Después de Bonoxs seguimos trabajando junto a Domus Global en varias producciones audiovisuales y en la filmación de sus eventos. La relación se sostuvo y se fue enriqueciendo con el tiempo, que es, para mí, la mejor señal de que las cosas se hicieron bien.

Filmando los eventos de Domus tuve un privilegio que no siempre se valora: conocer de cerca a líderes que me dejaron enseñanzas. Crucé caminos con gente admirable como Ignacio Pérez, de Quinta Disciplina Consultores; Adrián Zanoni, de RanchGPT, una empresa disruptiva que aplica inteligencia artificial al campo; Damián Baptista, de Boomit, haciendo cosas enormes con IA; Marcela Mercapidez, una gran referente al frente de su empresa de ciberseguridad; Julio Fitipaldo, director de Domus, que siempre tiene algo para aportar en los eventos del grupo; Sofía del Río, organizadora de los eventos de Domus, que confió en mis servicios; Guillermo Docampo, y Mauro Taroco de una gran empresa como ThinkUp, Juan Manuel Blandi de la empresa Nublit y Raquel Oberlander con quién también tuve el gusto de trabajar junto a Hepic en varios proyectos. De cada uno de ellos aprendí algo, y conocerlos fue, sin exagerar, uno de los mejores regalos de este camino.

Estoy profundamente agradecido por todas las oportunidades que me brindaron y por el conocimiento que me regalaron en el camino. Cada aprendizaje de esa etapa me hace, hoy, un mejor profesional. Uno no llega solo a ningún lado, y yo tengo muy presente quiénes estuvieron cuando todo empezaba.

Recién estamos empezando

Si algo me dejó esta historia es la certeza de que vale la pena animarse a lo nuevo, aunque parezca ciencia ficción. Aquel proyecto de avatares digitales fue apenas la primera escena de una película que sigue rodándose.

Y si vos también tenés una historia, una marca o una institución a la que quieras darle vida con estas herramientas, me encantaría ser parte de tu próximo capítulo. Escribime y lo pensamos juntos. 👉 reinovisual.com

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