Los recuerdos también son historia: mi trabajo audiovisual junto a Milton Serrato
Un casamiento dura unas horas. Un quince, una noche. Pero el recuerdo, si alguien lo captura bien, dura toda la vida. Y con los años me di cuenta de algo: eso que hoy hago con la historia y el patrimonio empezó, en realidad, mucho antes y mucho más cerca de casa. Empezó capturando la memoria de las personas.
Por eso quería dedicarle un artículo a una parte de mi trabajo de la que casi no hablo, pero que llevo con mucho cariño: los eventos sociales, y el gusto de seguir haciéndolos junto a Milton Serrato.

Donde empezó todo
Antes de las recreaciones con inteligencia artificial, antes de los documentales históricos, yo también tuve mis años haciendo este tipo de producciones: bodas, quinces, celebraciones familiares. Fue de las primeras cosas que hice en el audiovisual, y de esas que te forman. Aprendés a leer un momento, a estar en el lugar justo, a captar esa lágrima o esa risa que no se repite.
Con el tiempo mi camino fue tomando otro rumbo, más ligado a la historia, la cultura y el patrimonio. Hoy los eventos sociales ya no son la parte central de lo que hago. Pero nunca los dejé del todo, y hay una razón muy concreta para eso: se llama Milton Serrato.
Un referente al que admiro
Milton tiene una empresa de fotografía y filmación de eventos sociales —bodas, quinces, celebraciones— y hace muchísimos años que se dedica a esto. Es, sin exagerar, un referente en Maldonado. De esas personas que construyeron su nombre a fuerza de trabajo, de oficio y de estar presentes en los momentos más importantes de un montón de familias de nuestra ciudad.
Hoy lo acompaño en los eventos sociales que salen, aportando desde la parte de filmación y edición. Y lo digo con total honestidad: para mí, como audiovisual, trabajar al lado de alguien con su trayectoria es un honor. Uno nunca deja de aprender de quienes hicieron las cosas bien durante tanto tiempo, y estar cerca de un profesional así es una escuela en sí misma.
Por qué sigo haciéndolo
Podría haberme concentrado del todo en la parte histórica y soltar esto por completo. Pero no quise, y creo que la razón dice mucho de por qué hago lo que hago.
Siempre me pareció importante, y hasta hermoso, conservar los recuerdos. Poder entregarle a una familia el registro de un día que no van a olvidar, algo que van a ver dentro de veinte años y les va a devolver esa emoción intacta… eso tiene un valor enorme. Me gusta hacer recuerdos para los demás. Y en el fondo, es exactamente lo mismo que hago cuando recreo la historia de una institución o de una figura del pasado: cuidar la memoria para que no se pierda.
Un quince es la historia de una familia. Los 86 años de un club son la historia de una comunidad. La escala cambia, pero el corazón del trabajo es el mismo: que aquello que importó no se apague con el tiempo.
Mantener vivas las raíces
En este oficio es fácil correr siempre hacia lo nuevo, hacia la próxima tecnología, hacia el próximo proyecto grande. Y me encanta hacerlo. Pero volver, cada tanto, a filmar un casamiento o un quince junto a Milton es una forma de no perder de vista de dónde vengo y por qué empecé todo esto.
Al final, sea con inteligencia artificial o con una cámara en un salón de fiestas, mi trabajo es siempre el mismo: convertir un momento en un recuerdo que perdure.
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